Time
Machine
FET
Flagship

Europa debe construir la primera máquina del tiempo

El 15 de diciembre en Bruselas, 50 representantes de los Estados miembros de las principales asociaciones europeas para la investigación y la tecnología se reunirán en la primera selección de los nuevos FET Flagships, los programas europeos más importantes con financiaciones que ascienden a mil millones de euros. Esta decisión estratégica llega en un momento en el que Europa vive una crisis de identidad sin precedentes. El sueño de una democracia europea se desmorona. La migración está cuestionando las fronteras. Las recientes elecciones en Estados Unidos y el Reino Unido anuncian un período de incertidumbre para una Europa ya debilitada en sentido geopolítico.

En este contexto, un consorcio de 70 instituciones europeas procedentes de 18 países y respaldado por 12 programas internacionales, hace un llamamiento para la creación de un ambicioso proyecto cultural europeo. Con la puesta en marcha de una infraestructura de archivo y cálculo única, el proyecto Time Machine intenta dotar a Europa de la tecnología para estructurar, analizar y diseñar los datos del pasado, adaptarlos al presente y así poder proyectarlos hacia el futuro.

El giro espacio-temporal de Internet

En los últimos veinte años, internet y los servicios que ofrece se han ido desarrollando sin tener muy en cuenta la dimensión temporal. En la actualidad nos da la oportunidad de ver un «Gran ahora», de una densidad infinita y un continuo desarrollo. Los Big data nos prometen una sociedad en la que podremos anticipar el futuro, gracias a la potencia de cálculo de los superordenadores y a la recopilación masiva de datos. Sin embargo, el referéndum británico sobre la salida de la Unión Europea y las elecciones presidenciales americanas han desbaratado todos los pronósticos. Sin un largo plazo, solamente examinando las palpitaciones del presente, la predicción algorítmica llega a sus propios límites. Sin un pasado, no existe un presente.

La dimensión temporal no puede seguir siendo ignorada. Este presente digital, intenso, y documentado casi a cada segundo, es ya un archivo de su propio futuro. En 50 años, Facebook, si es que todavía existe, documentará la vida de miles de millones de personas fallecidas. En 50 años, Google, si sigue existiendo, será sobre todo un archivo web, de la evolución territorial y de nuestros escritos personales. Hoy mediadores de nuestras interacciones diarias, se convertirán mañana en guardianes de nuestro patrimonio inevitablemente privatizado. ¿Es eso lo que queremos de verdad? ¿Es lo que ellos quieren?

La segunda revolución de internet comienza ahora, con la muerte anunciada de los motores de búsqueda actuales y la aparición de una nueva forma de buscar información. El reto es ser capaz de moverse en el tiempo, como lo hacemos hoy en día en el espacio, y usar el volumen de los datos del pasado para proyectarnos en el futuro. No se trata simplemente de archivar información de unos cuantos años del estado de la máquina mundial, sino diseñar un puente sobre la gran brecha que separa la era de la información globalizada con épocas precedentes, anteriores a la informática. Los avances en robótica, inteligencia artificial, electrónica y física, permiten soñar por primera vez con una infraestructura a escala europea para digitalizar, analizar y reconstruir nuestro patrimonio milenario. Existen kilómetros de archivos que procesar, miles de páginas que transcribir, cientos de ciudades a modelar como enlaces de una enorme red de intercambios que constituye nuestra historia común. Los desafíos científicos que deben ser abordados para poner en movimiento estos datos requieren una transformación profunda de las tecnologías de la información. Para Europa significa construir no solamente un patrimonio cultural común, compuesto de los “Big Data del pasado”, sino también un patrimonio tecnológico que garantice la construcción de este recurso común de forma libre y abierta.

Los Big Data del pasado

Europa se encuentra actualmente en la mejor posición para dar un giro con éxito en el espacio-temporal de internet. Cuenta con la experiencia necesaria para reunir una comunidad internacional de investigadores en torno a una máquina diferente, un CERN de datos espacio-temporales. Esta máquina diseñada en torno a una arquitectura multiescala que tiene en cuenta las 4 dimensiones del espacio y el tiempo, permitirá desarrollar nuevas formas de calcular, de simular y de predecir. Ampliando el gran programa de digitalización de patrimonio, que ya está en marcha en Europa, será capaz de organizar la expansión continua de nuestro pasado digital. Un pasado reorganizado en forma de sistemas de información interconectados en todo momento, que no solamente documentará nuestro patrimonio cultural, sino también nuestra herencia económica, científica y tecnológica. Esta fuente perpetua de nuevos conocimientos será un motor económico que dé a luz nuevos empleos, nuevos servicios y nuevos productos. Los beneficios se dividen en tres pilares: un acceso ágil a una masa de documentos que hasta ahora ha sido ignorada, la modelización de fenómenos espacio-temporales de gran escala, y la estructuración y explotación de un enorme territorio virtual generado con técnicas de simulación.

Acceder a los documentos del pasado

¿Cómo sería un mundo en el que los documentos del pasado todavía fuesen igual de accesibles que los datos del presente? Por primera vez podremos saberlo, gracias a una nueva familia de motores de búsqueda, será posible encontrar todos los documentos indicando el nombre de una persona o un enlace en los archivos que potencialmente abarcan miles de años de documentación. Con la digitalización masiva de archivos y registros de nacimiento, no solamente reconstruiremos los grandes árboles genealógicos con ramificaciones lejanas, sino también las redes sociales de nuestros antepasados. Todos los creativos hallarán una fuente infinita de inspiración en las formas y motivos del pasado, pudiendo consultarlos directamente. Un sencillo smartphone permitirá ver cómo era el estado de un edificio hace 50, 100 o 500 años, y logrará hacer renacer las actividades callejeras en las que se encuentra, como una inmersión in situ en un lugar del pasado. La experiencia de 600 millones de turistas que cada año visitan Europa será transformada radicalmente.

Nuevos modelos que integran la distancia en el tiempo

La nueva masa de datos permitirá, a una escala mayor, la construcción de nuevos modelos interpretativos. Los epidemiólogos entenderán de un modo distinto la difusión de las grandes enfermedades con la ayuda de los datos masivos contenidos en los registros obituarios. Los economistas reinterpretarán la dinámica de los primeros siglos del capitalismo, la historia del crecimiento y las crisis, y la estructuración de las autoridades financieras europeas. Año tras año, mes tras mes, la documentación sobre los cultivos, las cosechas, el estado del ganado, será la base de un nuevo modelo de la historia climática. Los rastros precisos que dejaron los múltiples flujos migratorios, comerciales y artísticos quedarán grabados en los archivos, que serán puestos en movimiento como un enorme modelo de la circulación en Europa. Todos estos modelos se convertirán gradualmente en las principales herramientas para tomar decisiones, las bases de nuestros planes, nuestros más valiosos compañeros para prever las complejidades del siglo XXI. Esta habilidad nueva para examinar largos períodos de tiempo transformará la educación, la sanidad, la economía, la justicia, la industria, el medio ambiente y las demás áreas de la sociedad.

Un territorio en el que vivir

Por último, más que una masa de documentos y una colección de modelos, el pasado se convertirá también en un territorio nuevo a construir y habitar. Las tecnologías de simulación y realidad virtual permitirán una inmersión total en lugares desaparecidos. Los avances de la inteligencia artificial nos ofrecerán la oportunidad de reconstruir a partir de datos históricos la estructura de espacios no documentados, las trayectorias de los actores, las texturas de estas simulaciones inmersivas. Este mundo de pasados posibles será en un primer momento aprovechado por la industria del entretenimiento y el turismo, pero tendrá consecuencias culturales más amplias. Al igual que muchos otros mundos virtuales persistentes y diseñables que hoy en día están habitados por millones de usuarios, los territorios del pasado serán el entorno de una intensa actividad social y económica. Concederán también una oportunidad única para hacer presente el pasado, aportando una dimensión emocional e íntima. Tal vez mañana seamos viajeros del tiempo, cambiando totalmente nuestra concepción del presente.

Una oportunidad para Europa

En todos estos frentes ya se han realizado prototipos. En Venecia, una cadena continua de procesos de tratamiento analiza los documentos de archivos que abarcan un período de más de 1000 años, extraen información sobre las personas y los lugares, sustituyéndolos como trayectorias en el tiempo y el espacio, recreando de esta manera una especie de Facebook del pasado. En Ámsterdam, 15000 páginas de registros antiguos son digitalizadas cada día gracias a un plan logístico industrial de tratamiento de documentos antiguos. En Austria, Alemania, España, Francia y Grecia, los investigadores están trabajando juntos para diseñar algoritmos capaces de transcribir la escritura de los manuscritos. En varias ciudades de Suiza y Bélgica, se están desarrollando los primeros sistemas de gestión del espacio urbano que integran el tiempo. En toda Europa, las tecnologías de realidad virtual han vuelto a dar vida a cientos de espacios desaparecidos. Estos avances tecnológicos pueden transformar el pasado de Europa en un recurso de un valor cultural y económico sin igual.

Europa inventó la web. La web se ha convertido en la matriz de un nuevo mundo. Aquellos que entendieron primero la lógica, dominan hoy día nuestro mundo. Unos treinta años más tarde, el giro espacio-temporal de internet al sumergir la información digital en un espacio mucho más grande, ha redefinido las reglas del juego. La crucial decisión que se tomará en diciembre nos afecta a todos. El proyecto Time Machine puede dar a Europa la tecnología de su renovación: una oportunidad única para construir nuestro futuro a partir de nuestro patrimonio común, una ocasión única para volver a encontrarnos.